Por Enrique M. Infante Ángeles
Quienes habitamos el mundo de las letras nos preguntamos qué lugar ocupa realmente el libro en la actualidad. Si bien es cierto, las plataformas digitales han transformado la manera en que consumimos información, el libro persiste como un espacio fundamental en la educación, una especie de pensamiento manifestado y de resistencia social. Escribir y publicar hoy en día, ya no son actos meramente aislados, sino que forman parte de una compleja red de posibilidades en donde el autor debe enfrentarse a diversos retos y oficios para que su voz sea escuchada.
Bajo esa premisa, el presente artículo busca indagar sobre esas otras dimensiones que tienen los libros como herramientas y metrónomos con sus propios puntos de reflexión, y qué mejor manera que la de escuchar (leer en este caso) de la misma voz esos autores. Cuatro fueron los colegas convocados quienes atendieron mi llamada. Todos con una trayectoria marcada se abren a mis preguntas de manera honesta para permitirme disgregar el tema desde ángulos distintos. A través de sus testimonios, analizaremos qué repercusiones para un escritor, tiene el acto de publicar en un contexto donde el libro puede funcionar tanto como una obra de arte, un objeto cotidiano o incluso un pasquín conspirador. A todos los convocados se les envió el mismo documento con el siguiente contenido:
Esta breve entrevista forma parte de un trabajo de reflexión en torno al panorama editorial contemporáneo y al oficio del escritor. A través de estas preguntas, busco recoger miradas diversas —desde trayectorias sólidas y experiencias reales— sobre el acto de escribir, publicar y sostener una obra en el tiempo. Las respuestas contribuirán a un diálogo comparativo entre autores de distintos contextos y países, y serán utilizadas con fines académicos y reflexivos. Este trabajo será sometido a la revista universitaria La Corcheta, de la Universidad del Sagrado Corazón de Puerto Rico, respetando siempre la voz y perspectiva de cada participante. Agradeceré incluir junto a sus respuestas breves datos biográficos de usted, así como una fotografía y de sus libros, con el único fin de acompañar la publicación.
Los siguientes autores cuya labor ha sido clave en sus respectivos escenarios, sus nombres y breves semblanzas biográficas nos ayudarán a situar la relevancia de sus respuestas. Esta es la primera parte, donde encontrarás los primeros dos autores entrevistados.


María Elisa Peralta. Ciudad de México. Licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva por la FES Acatlán (UNAM). Fue Analista de información en la Secretaría de Gobernación (México). Finalista del Concurso de cuento de la revista digital Nota Latina (Miami, 2019) y ganadora en la selección del Concurso de Cuento de la Ciudad de Houston (2020 y 2024) de la revista digital Literal Magazine. Dos de sus historias forman parte de las antologías Vías Alternas (2024) y Travesías interiores (2025). Su libro más reciente es Ajustando sentidos: manera de encajar en tierra ajena. Cuatro de sus cuentos fueron producidos como audio en la Aplicación iPstori. Actualmente, sus historias son transmitidas en el programa de radio El cuento va por tu cuenta difundido por 10 estaciones de radio a lo largo de México y una repetidora en España.
¿Qué es un libro para ti?
¡Qué pregunta! Si hablamos de literatura, un libro para mí es un viaje. Es introducirme en una vida (ya sea ficticia o real) y saber sus pormenores. Conocer los pensamientos más íntimos, las razones de las acciones de los personajes. Creo que los lectores, ante todo, somos curiosos. Por eso utilizamos la “lupa” de la lectura, para indagar sobre las vidas privadas. A lo largo del tiempo, los libros también me han enseñado a entender la vida. Por ejemplo, el escritor Arturo Pérez Reverte en una de las aventuras del capitán Alatriste, me enseñó la diferencia entre responsabilidad y amor. Íñigo Balboa, encarcelado, está tranquilo porque sabe que el capitán lo irá a rescatar, no porque lo ame, sino porque su padre en el lecho de muerte le hizo prometer a Alatriste que se haría cargo de él. Es decir, Íñigo era su responsabilidad. Y así fue, lo rescato. Un libro, para mí, es aprender, conocer nuevas formas de pensamiento.
¿Qué significa para ti publicar?
Escribo por diversión. Y publicar, para mí, es compartir el gozo de la escritura. Es como tener un buen chiste y querer que todos se rían contigo. Es decir, las horas, días o meses que invertiste en armar una historia se condensan sobre el papel o la imagen digital para convidar a los lectores. La tarea de escribir, como es bien sabido, es un acto en soledad. Cuando publicas abres las ventanas, las puertas de tu casa para que pasen los lectores a ver lo que has preparado. Es lanzar mis ideas al viento y saber que alguien las acogerá.
¿En qué momento supiste que querías publicar y por qué?
Creo que al bailarín le gusta que lo vean bailar; al cantante que lo escuchen y a los chefs que coman sus guisos. A los que recreamos historias nos encanta que nos lean. Es querer saber qué opina otro sobre tus letras. Es establecer un diálogo con el lector para conocer otro ángulo de nuestro propio relato. Cada persona con sus herramientas, su bagaje de experiencias interpreta los textos y, en ocasiones, les da la vuelta. Realiza la magia de la lectura.
¿Qué cambió en tu relación con la escritura después de publicar por primera vez?
En general nada. Nada porque cuando escribo lo hago para mí. Es decir, antes que escritora soy lectora. Entonces, el principal lector que influye en mí soy yo, me complazco a mí misma al componer una historia. Creo que, si yo la disfruto, ese gozo quedará plasmado en cada frase, en cada línea. Estoy consciente de que las personas tienen diferentes inclinaciones literarias. A mí me gusta saber que mis letras encuentran sus lectores.
¿Hoy en día, sientes que escribes para ti, para un público específico, tal vez te dejas guiar por las tendencias del mercado, o es más bien un poco de los tres?
Sigo escribiendo para mí. Tuve la suerte de tener una madre que me contó muchas historias de su pueblo de origen. Por esa razón, cuando por primera vez leí la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, la sentí familiar porque lo que es catalogado como Realismo mágico yo lo escuché desde mi niñez. Escribir es el cordón umbilical que me une con mi madre. De alguna manera, mi madre es mi público específico. De las tendencias del mercado no, para nada. Leo igual un libro del “canon” que a algún escritor actual, como el mexicano Juan Pablo Villalobos. Así, mis influencias provienen de todas las épocas.
¿Qué parte del proceso de publicar crees que es la más difícil y cuál sería la más reveladora?
Tomar la decisión de arrojar tus palabras al viento es difícil, pero una vez tomada cierras los ojos y abres los oídos a la crítica. Si participas en un concurso o lo sometes a una editorial, la piel de escritor se endurece y al mismo tiempo aprende. La fase más dura es encontrar quién confíe en ti. Como mexicana radicada en Houston, TX es todavía más complicado. El mercado editorial es principalmente anglosajón. Por fortuna, la comunidad hispano hablante ha encontrado en los concursos literarios la manera de empezar a establecer un mercado editorial en español. Es en estos, donde yo he dado a conocer mis narraciones. También he recurrido a la auto publicación, lo que significa asumir el proceso de publicidad y difusión del libro. Otra manera de “publicar” ha sido participar en App ‘s literarias y programas de radio como El cuento va por tu cuenta dirigido por el maestro Heberto Pérez. Visto desde este lado del mundo, es aportar un grano de arena a la difusión de nuestro maravilloso idioma, el español.
La parte más reveladora, en mi caso, es darme cuenta de que los inmigrantes de habla hispana están ansiosos de leer y más si las historias hablan de nosotros mismos. Es decir, el 99% de mis historias se desarrollan en mi ciudad, la Ciudad de México, lo que hace que todavía más el lector/inmigrante se identifique en ellas porque, como latinos, compartimos cultura y costumbres.



Daniel Medina nació en Mérida, Yucatán, México en 1996. Poeta, editor y tallerista. Beneficiario del Programa Jóvenes Creadores del Fonca (2021-2022) y del PECDA Yucatán en dos ocasiones (2017-2018, 2023-2024). Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017 por Una extraña música. Premio Nacional de Poesía José Emilio Pacheco 2019 por El dolor es un ensayo de la muerte. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida 2021 por XVIII. Premio Nacional de Poesía María Luisa Moreno 2022 por Tres piedras que formarán mandalas. Premio Nacional de Poesía Timón de Oro 2023 por Cuaderno Cousteau. Premio Nacional de Poesía de los Juegos Florales de Lagos de Moreno 2024 por Composición sobre azul añil. En el año 2023, recibió el Premio Estatal de la Juventud en el área de Actividades Artísticas.
¿Qué es un libro para ti?
En términos técnicos, un libro es un documento que contiene una obra, en este caso de corte literario y con el fin de producir experiencias estéticas, sin importar su extensión. Esto, la extensión, es para mí un tema de discusión constante: la idea de que las plaquettes o cuadernillos son “libros menores” es una idea que detesto. La poesía tendrá siempre como mejor formato el libro breve. El libro, entonces, es el testimonio que vuelve a un productor de poemas o textos literarios un Escritor.
¿Qué significa para ti publicar?
Me robo esta frase del enorme Antonio Cisneros: publicar, sobre todo el primer libro, significa obtener la desvergüenza necesaria para seguir escribiendo y publicando poesía. Cada libro es una confirmación del oficio, y la manera más concreta y válida de “existir” para nosotros. Sin libro no hay oficio riguroso.
¿En qué momento supiste que querías publicar y por qué?
En verdad, quería publicar desde que escribí mi primer poema. Leía obsesivamente los libros de poetas que admiraba, sobre todo sus óperas primas, y soñaba con el momento. Leí, hace más de diez años, que publicar el primer libro era un paso importante por dos cosas: salir al mundo, y experimentar esas ganas de “enterrar” el primer libro porque, como todo primer intento, falla. Quería publicar desde el principio por eso: quería arrojarme al mundo editorial asumiendo los seguros fallos. Era mi manera de asumirse escritor. Finalmente, publiqué ese libro teniendo 18 años y sí, quise enterrarlo, y traté de hacerlo, pero puedo ver, a veces, sus dedos salir de la tierra.
¿Qué cambió en tu relación con la escritura después de publicar por primera vez?
Fui mucho más cauteloso, y me tomé todo esto más en serio. Me propuse, también, que, dependiendo de las temperaturas de las cosas, ese primer libro me confirmaría si quiero o no ser poeta. Y sí que quise. Cambió mi relación con la poesía en tanto que acepté los errores como parte del camino, y fallé en la primera publicación. No me dispuse a mejorar a pasos agigantados, sino a seguir equivocándome, pero en otras cosas. Cada libro revela un error distinto.
¿Hoy en día, sientes que escribes para ti, para un público específico, tal vez te dejas guiar por las tendencias del mercado, o es más bien un poco de los tres?
Si tomamos en cuenta que soy poeta, y uno con pretensiones bastante formales, el mercado es una cosa que no observo. En México, diría que las tendencias de la poesía no son dictadas por las publicaciones sino por los Premios, que tantos tenemos y con prácticas terribles. Tampoco me dejo llevar por eso. Creo que el 90% de la poesía que gana premios en México es mala a secas. En ese sentido, escribo para mí y para una ínfima bolsa de lectores que, como lectores serios, no están buscando algo escrito para ellos, sino para nosotros, los poquísimos espectadores de los fenómenos poéticos.
¿Qué parte del proceso de publicar crees que es la más difícil y cuál sería la más reveladora?
Aquí tengo que hablar como poeta y editor. En ambos casos, he visto diferentes procedimientos más marcados por las prácticas editoriales de cada sello, los ritmos de trabajo, el compromiso de los editores responsables, etc., que por la propia naturaleza de las “partes del proceso”. Lo más difícil, para un poeta principiante y para cualquier editor, es construir el diálogo para acordar y ajustar los detalles del libro. Hay autores que no entienden que sus libros no fueron elegidos para ser publicados exactamente como están, sino que fueron tomados por sus potenciales. Hay autores que vivirán como un infierno esa noticia. Ahora, lo más revelador: cuando un editor parece comprender tu libro mejor que tú mismo. La complicidad se vuelve casi divina. Por eso siempre recomiendo, tanto en mis talleres como en charlas de pasillo con colegas, que lleven sus libros con editores serios, no con imprentas disfrazadas de editoriales ni con gobiernos (muy pocos operan con editores buenos), para que vivan la experiencia de lo que es, verdaderamente, ser
e d i t a d o.



