Por Daniela Jerez González
Se fue junto a ti
mi habilidad de escribir
a las seis menos cuarto y un minuto,
a mitad de semana.
El sol brillaba, abrazándome
para alejar el frío que me entumecía
hizo maravillas
y a los minutos comencé a tener sed.
Un segundo y el mundo se detuvo,
dos segundos y mi corazón se quebró,
tres segundos fue lo que me tomó gritar,
un sollozo ahogado en un riff distorsionado
de guitarra eléctrica que me preparaba
a vivir en un estado de negación eterna.
Esperaba tu mensaje dejándome
saber que era mentira,
cinco meses después.
Lo sigo esperando.



