Por Mia Nieves Reyes
E’taba en jardinería en Home Depot cuando de’cubrí que mi novia me e’taba pegando cuelno’. Miré’l ramo en mi mano pensando, puñeta, hubiese llegado sin comprar la’ flore’.
Yo siempre decía que ella era muy buena pa’ mí, en lo’ día’ que no podía conte’tar el teléfono, la’ tarde’ que hacía overtime en lo’ día’ feriado’, lo’ tulno’ pol la’ noche’ en la gasolinera. Ay, Omar, hubiese seguido e’tudiando, ella y todo’ en mi vida miserable me criticaban constantemente, que arruiné mi vida dejando lo’ estudio’ a lo’ veinte. Por lo meno’ yo no estoy en Biología. O sea, lo’ médico’ hacen millone’ pero no lo suficiennntemente rápido. Ante’ de lo’ millone’, te veo un infeli’, vendiendo planta’ de tomate y cactu’ falso’ en Home Depot. Despué’, e’ cue’tión de si pasa el examen, si te aceptan, si puede’ pagar la’ clase’, si puede’ pasar la’ clase’, yo lo sé, si mi’ padre’ querían que siguiera ese camino. ¿Pero sabe’ cuánto’ año’ te toma ir a la e’cuela de medicina? Demasia’o.
Así que’en el momento, hice lo que haría cualquier hombre en un Home Depot al ver a su gata con el chillo, me acerqué al tipo, le pregunté cómo la conocía, confirmé que era’l chillo, me aseguré de que ella supiera que he tenido mejore’ y le tire’l ramo contra’l piso.
Al entrar al carro, la radio me explotó lo’ tímpano’ y tuve que apagarla, Bad Bunny no me iba a salvar. Guié sin saber a dónde iba. Me subí al’autopista y llegué hasta el Viejo San Juan. Dejé’l carro parquea’o en Doña Fela y corrí a la barra más cerca. Nosotro’ hacíamo’ e’to mucho en la high, cada vez que sacábamo’ F o cuando la’ novia’ no’ sacaban porel techo. Me acordé de Seba’tián, mi hermano de’de kinder que e’tudiaba en Santurce. Estaba cerca así que qué carajo, volví a Doña Fela, me monté en el carro y llamé a mi mejor amigo.
No entendí nada de lo que me e’taba diciendo, pero sonaba preocupa’o. Yo mele reía enloque le contaba lo que pasó. Él supo que e’taba borracho, aco’tumbra’o a lo idiota que me pongo borracho. Me ofrecí a llegar hasta la uni, pero él insi’tió en recogerme. Lo peleé, pero me recordó de la vez que volqué’l carro de mi padra’tro siendo el conductor designado. Esperé que llegara Seba, mi Uber. Llegó rápido y cuando entré al carro me sentí marea’o por el olor de su pelfume. Llevaba puesto un blazel y una camisa blanca pol dentro. Le dije que parecía que iba a matalgata’, pero no se rió. E’taba mole’to, lo de’peiné y se endiabló. Me dijo que tenía presentación final en una hora. Seba e’tudia el periódico pa’ dar la’ noticia’, así que él sí sabe hablar y le dije que lo haría bien.
Llegamo’ al gate de la uni y la barrera se levantó milla’ de’de donde e’tabal carro para’o, la’ ventaja’ de una escuela rica. Subió la colina y se parqueó en el parking má’ lejo. Yo me quejaba pero la universidad no era tan grande como la iupi, pero comoquiera era grande. Me le reí y le comenté cada árbol y carro que pasábamo’. Cuando no’ bajamo’ del carro, Seba me paró:
—Omar, no te puedes hacer el ridículo aquí.
—¿Cabrón, yo? Yo no te haría eso.
—Júramelo, cabrón.
—Jura’o loco.
Al cruzal la calle no’ encontramo’ con una mujel perrííísima, quizá’ con diez año’ má’ que nosotro’ como máximo. La traté de no miral pero me cogió y sonrió. Su vo’ era alta y clara, como la de una repoltera.
—Sebastián, ya están adentro.
—Perdóname profesora, estaremos entrando ahora.
—No se preocupe, todavía están a tiempo. Mucho éxito.
Miré a Seba y le pregunté si era la profesora de’l, él me e’plicó que lo había sido hace uno’ semestre’ atrá’ y ahora era como la asesora de’l. Me moldí el labio y le di un ojo que no le gu’tó, esa mujer era muy bonita. Seba me hizo jural que me compoltaría y lo juré de nuevo. Entramo’al teatro en silencio, para no interrumpil la presentación que e’taba pasando. El hombre tenía la atención del público, moviendo la’ mano’ lo suficiente para no verse como un bobolón trepa’o en la tarima.
Tropecé conmigo mi’mo como tre’ vece’ ante’ de que Seba dijera que sería má’ connnveniennnte si me sentaba en la parte de atrá’. Traté de e’plicarle quera porque e’taba o’curo y no sé, e’taba como e’perando un e’calón como en la’ sala’ del cine pero no me lo creyó el cabrón.
Despué’ de alguna’ presentacione’, me di cuenta de que eran uno’ estudiante’ de intelcambio presentando. Me sentí bruto, pensando que e’taban usando un vocabulario sofissstica’o, pero no, sonaban más como lo’ turista’ que se molestaban conmigo durante mi’ turno’ en la tiendita que trabajo en San Juan, pero ósea, era un inglés real, no como en la televisión donde hablan lo suficiennntemente despacio y si te pierde’, solo tiene’ que e’perar a que la próxima persona te dé una pista sobre lo que dijo el último, e’te inglé’ tenía chi’te’ entre oracione’ y voce’ exagerada’ de ve’ en cuando.
Me asu’taba que me hablaran porque si me hablaban me iba claval una, pero también me emocionó un poco cuando sabía qué e’taban diciendo, e’cuchar má’ sobre lo que e’taban tratando de e’plicar y comoque entenderlo real-mente. Por la séptima, se me acercó a mí una mujer de mi edad. Tenía’l pelo negro y cortito que se le terminaba encima de lo’ hombro’ y su ojo’ eran achina’o’, con peca’ en toda nariz. Al igual que la profesora que habíamo’ pasa’o en el camino, llevaba pue’to un blazer y una falda que eran de color azul clarito, con una camisa rosa por dentro. Sentí confianza, pero desapareció tan pronto e’cuché su acento.
—Parmiso.
—Uff, e’te perdona…sí, buenas.
—Aquí is where we give the presentaciones?
—Ea, ¿cómo e’? Perdona, no t’entendí.
—I’m sorry, you’re talking really fast. Are you saying, not aquí?
—Ay cabrón no, yo no puedo Seba, esta tipa me e’tá hablando en chino.
—Mi español no es bueno. Please hablar lento.
—Me di cuenta, y mi inglich no es muy good looking.
Seba se rió de nosotro’ un poco ante’ de ayudar, hablando un inglé’ que yo diría que e’ perfecto.
—Hello, how can I help you?
—Oh, you speak English. Is this the place where EMP 311 will be held?
—Yes it’s here, sit where you like.
Ella caminó má’ hacia abajo y se sentó do’ fila’ debajo de nosotro’. Me viré a Seba:
—Loco, me sentí bien bruto.
—Porque eres un bruto.
Llamaron a una Mónica y la chica en azul se levantó y tomó el escenario. Habló claro, lo suficiennntemente de’pacio pa’que pudiera entenderla y definió la mayoría de lo’ término’ que presentó, gracias a Dios. Desaforrrtunadaaamente, la presentación terminó sin que me diera cuenta, y en ese momento me enamoré. Quería e’tar en su mundo, usal ropa elegante, conocer palabra’ que la gente que cono’co no conoce, quería hablal con ella por hora’ y sentirme como un’idiota, no porque no sepa lo que e’tá diciendo, sino porque soy un bobolón naturalmente.
—Acho Seba, enséñame inglé’. Llévame a matrícula que voy a empezar a estudiar de nuevo, me meto en la’ empresa’ o algo.
—¿Tá’ enserio?
—Loco sí, pero aquí no, o sea en otro la’o y te visito de’pue’. Porfi, enséñame cómo pedirle el número en inglés y te pago el almuerzo.
—Qué pendejo… déjame por lo menos presentar.



