Plegarias, por Alma Datil Calderón

"Mami, déjame jugar con mis muñecas / para aprender su delicadeza / y espejear mi prudencia".

Por Alma Datil Calderón

Mami, déjame jugar con mis muñecas
para aprender su delicadeza
y espejear mi prudencia.

Llévame afuera a brincar cuica
y enfangarme en el patio de casa,
no me dejes enfangarme
con el vecino de casa.
No me dejes brincar mis etapas.

Adviérteme del hombre,
aquel esmayao
por invadir mi resistencia,
que con sus manos
quiere arrebatar mi adolescencia
y con su esencia matar mi inocencia.

Enséñame a cuidarme,
pero no a esconderme.
No me castigues por ser caderona,
castígalo a él por descontrolar
sus hormonas.

No me dejes usar escote a los 12,
pero no me mandes
a cambiarme los cortos
cuando mi tío viene
si tanto lo conoces.

No me aplaudas al tipo de 21
que traigo al balcón cuando tengo 15.
Niégame el permiso a la miseria.
Déjame seguir en la escuela.
No me aplaudas el casamiento
a los 18 en busca de independencia.

No me adelantes de grados de vida.
No me sumes a la norma social
de que las mujeres maduramos primero,
cuando lo que empieza a madurar
son mis senos y no mi cerebro.

No me dejes al cuidado
de aquel que sus años
están a leguas de las mías.
No me enseñes a ser 

la que solo cuida crías.
O, ¿acaso soy solo
una cifra más
en la tasa nacional?

Mami, déjame jugar con mis muñecas
para aprender su delicadeza
y espejear mi prudencia.

Si tanto le rezas al de arriba
que el diablo no entre a casa,
entonces ciérrale la puerta
a tu amigo de infancia
y que no entre a mi casa.

La.Corcheta
La.Corcheta
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