Por Alma Datil Calderón
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¿Será aquí,
en este minuto empírico,
cuando conceda mi vigor
al canto de las trompetas?
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Cuando mis extremidades
se pudran de calambre,
arraigadas a este matorral arpía
que no pare flamboyanes.
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¿Será aquí,
con este hastío raíz
infestado de hongo,
que pueda rendir la narcosis
en una cama de musgo?
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Que pueda sepultar
mi carúncula
para que se sequen
aquellos suplicios
que no despojé.
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Es aquí,
en esta pradera azafranada
que refugia occisos,
donde cederé mi capullo
en la necrópolis.



