Piedra rubí, por Alma Datil Calderón

"Volvimos a las toallas de nuestro espacio cuando de repente, comenzó una gritaera en el tope del peñón de dientes gastaos".

Por Alma Datil Calderón

Era un verano en Puerto Rico, yo tenía como unos 7 años y tuvimos de esas pocas “salidas” familiares a la Playa Puerto Nuevo en Vega Baja. El balneario estaba explotaito. Papi, como siempre, se fue pa’ las piedras a tirarse y mami se quedó con el paquetito, alias: yo. Mami me tenía juguitos, hot dogs, las cubetas para los castillos, sunblock y las balsas para que el mar no me comiera. Antoja’ como siempre, fuimos a recoger caracoles en la costa. Grandes, chiquitos, completos, partíos, lo suficiente para llenar un vaso desechable de 8 oz y añadirlos a mi colección. Volvimos a las toallas de nuestro espacio cuando de repente, comenzó una gritaera en el tope del peñón de dientes gastaos. Tenía el pecho agitao’ porque papi se estaba tirando al mar y no sabía qué pasaba. Logré ver a papi bajar, pero con tres personas y una cuarta persona que lo estaban cargando. Tenía las piernas y el resto de su cuerpo bañado en sangre. Me dio frío bajo la colcha del sol. Ha sido la primera violencia que mis pequeños ojos han atestiguado. La naturaleza lo reventó contra su espalda rocosa y casi le cobra la vida. Parecía una obra de acuarela. Ver cómo las babas del mar se antojaron de su carne, fue mi primera ventana al arte.

La.Corcheta
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