Alma Teresa, por Alma Datil Calderón

"Te pareces a Tere".

Por Alma Datil Calderón

“Te pareces a Tere”. No recuerdo la primera vez que escuché esa frase, pero espero que la incluyan en mi lápida y la decoren de amarillo tulipán. Abuela, ¿cuáles habrán sido tus flores favoritas? ¿Eras de playa o de río como el Rivera de tu padre? En tu defunción a los 33, ¿sabías que tu nuera te iba a encarnar a los 33 de tu hijo? Te conozco a través de los cuentos de papi y te he buscado en cada espejo y reflejo que existe porque según tu sangre, “eres la misma cara de Tere”. Según mami, “caminas igual de trotona que Tere”; según abuela Carmen, “tienes los ojos de Tere”, y van montando un bosquejo de tu cuerpo de madre prematura hasta censurar el sonido de tu voz. Pero ninguno de los cosechadores de dátiles habla de que nunca jugaste con tus muñecas, no confiesan acerca de los hombres que no te dejaron ser poeta, nadie sabe que tu rencor rezagó por el Almirante hasta que encontró mis manos. Heredé una rabia que no caduca y resisto los hitos de violencia que viviste. Tengo celos que se tornan celajes porque el silencio disfrutó de tus gritos y no te dejaron cargar la nieta que tanto anhelabas. Terminaste siendo espejismo en mi temporal, un paralelo en sueños letrados y, yo, una viuda de unas manos que nunca se arrugaron. ¿Cómo se ama a un muerto que nunca besaste? ¿Cómo se extrañan unos ojos que nunca viste? ¿Cómo un Alma añora los brazos de un Alma que nunca la cargó? ¿Cómo se llora por una abuela que nunca existió? 

La.Corcheta
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